"¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para pediros que os decidáis a abandonar las cosas equivocadas y la vida de pecado, para seguir el camino santo y de conversión propuesto por mi Hijo Jesús. Dios os llama al camino del bien, no os dejéis vencer por las tentaciones y trampas de satanás. Luchad por el reino de los cielos. Dios está con vosotros, a su lado, para bendeciros y ayudaros. Confiad en el Señor, entregando a Él vuestras vidas, vuestros corazones y vuestras almas. Los tiempos se están volviendo oscuros y sin luz, y muchas cosas equivocadas y tristes asolarán a la y al mundo. Acoged mi llamado a la oración, al sacrificio y a la penitencia, para liberaros y purificaros de vuestros pecados, en caso contrario Dios escogerá su modo de cómo deberéis libraros de ellos y repararlos. Cambiad de vida. Sed obedientes al Señor, acogiendo sus palabras y enseñanzas eternas en vuestros corazones, a fin de que obtengáis luz, paz y amor. Interceded por Brasil y por vuestras familias, para que la violencia, la muerte y la sangre sean desterrados de vuestro país. Yo estoy aquí para ayudaros a ser de Dios. Escuchad mi voz que os llama a Dios. Él os ama y yo también os amo. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!"
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"¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, os amo y mi amor os doy, para que vuestras vidas estén repletas de paz y alegría. Que no se debilite vuestra fe, ni os desaniméis ni perdáis el coraje, porque Dios está con vosotros y no os abandona jamás. Rezad muchos Rosarios por la realización de mis planos maternales y así, el Señor os concederá grandes gracias y bendecirá vuestras familias. Yo estoy aquí para ayudaros a ser de Dios, viviendo para el reino de los cielos. No temáis nada. Dios os ayudará para que sepáis vencer cada combate en la prueba de la serenidad, en el equilibrio y en la paz. Tiempos difíciles y crueles asolarán a la Iglesia en el mundo, pues muchos de mis hijos precisan ser purificados, porque ofenden mucho al Señor con su terribles pecados. No perdáis tiempo. Ayudad a vuestros hermanos a encontrar la luz de Dios, llevando a todos ellos mis mensajes maternales. Yo estoy a vuestro lado con mi manto protector y os cubro para protegeros contra todo mal. Rezad, rezad y muchas almas serán salvadas y retornaran al camino santo de Dios. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Cuando Nuestra Señora apareció y vino llegando en aquella linda luz, todo delante de mí fue desapareciendo, permaneciendo solamente ella y la cruz de Jesús que estaba fija en la pared, en el lugar de las apariciones. Desde la cruz escuché la voz de Jesús que me dijo: "Yo tengo sed de almas. Sálvame las almas. Ellas costaron mi Preciosísima Sangre, derramada por ellas. Sálvame almas para la gloria de mi reino." Hoy, la Madre Santísima, vino acompañada de San José, que tenía el Niño Jesús en sus brazos. Todos los tres estaban vestidos de blanco. En la vestimenta del Niño Jesús, brillaban pequeñas estrellas doradas. La Madre Santísima no dio el mensaje:
"¡La paz amados hijos míos, la paz! Hijos míos, yo vuestra Madre del Cielo, vengo a pediros que viváis los mensajes que os doy con amor, con fe y con el corazón abierto al Señor. Yo deseo llenaros de la paz y del amor de Dios, mas para eso, entregad al Señor vuestra voluntad humana y permitid que prevalezca en vuestras vidas la voluntad divina. No os alejéis del camino de la oración de conversión, no os dejéis engañar por las armadillas de satanás, porque muchas veces él usa situaciones y personas para alejaros del verdadero propósito que Dios preparó para vosotros. Rezad al Espíritu Santo y pedid su luz divina y el Señor vendrá siempre en vuestro socorro y en auxilio de vuestra flaqueza. El Niño Jesús que estaba en los brazos de San José, miró a la Santísima Virgen y entre ellos, con la mirada, conversaba entre sí. Él le estaba diciendo algo a Nuestra Señora y luego en seguida Ella nos dijo: No temáis. Yo, vuestra Madre, estoy aquí y os cubro con mi manto inmaculado y protector. Yo siempre estoy presente en este lugar escogido por la Divina Voluntad de Dios y aquí el Señor triunfa con su amor. No os preocupéis por los incrédulos, por aquellos que combaten contra las obras de Dios. Ellos jamás podrán impedir la acción de Dios en este lugar y, muy en breve, muchos llegarán aquí en mayor número como nunca aconteció y nunca más dejarán de venir a este lugar, porque aquí el Señor actuará y hará callar a la boca a los incrédulos, a aquellos que tienen el corazón endurecido como piedra. Yo os amo y os bendigo. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Antes de irse, juntamente con Nuestra Señora, San José y el Niño Jesús, nos bendijeron, trazando sobre nosotros la Señal dela Cruz. "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, estoy aquí. Yo vine nuevamente del cielo para concederos todo mi amor maternal. Yo os amo y lucho incansablemente por vuestra conversión y salvación eterna. Yo me preocupo por vuestra felicidad y vengo a mostraros el camino que conduce a Dios, el camino que os lleva a la eternidad. Tiempos difíciles asolarán el mundo entero y la fe será devastada, casi por completo, a causa de los innumerables errores que serán divulgados a muchas almas. Mi Corazón de Madre se amarga, porque yo sufro por los niños y jóvenes que serán contaminados por estos males y se alejarán del camino de la verdad que lleva hasta Dios. Luchad, hijos míos, luchad contra el poder de las tinieblas, rezando el Rosario diariamente, como yo os pedí. El Rosario destruye los males que satanás desea causaros. Rezad y venceréis a satanás. Yo os concedo mi bendición de Madre y mis gracias. Gracias por haber venido. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijo míos, yo vuestra Madre, una vez más vengo del cielo para deciros que Dios os ama inmensamente y desea vuestra conversión sincera. Volved al camino santo del Señor. No os dejéis engañar por los errores y mentiras que se están difundiendo para destruir la verdad y las enseñanzas que mi Hijo Jesús os dejó. Dios está ya muy ofendido, principalmente, porque muchos ya no creen más y viven más como paganos que como verdaderos cristianos. Muchas familias están corrompidas por ideas mundanas y de pecado que no llevan al camino del cielo, más al camino de la perdición que lleva al fuego del infierno. El enemigo de Dios y de vuestras almas, hijos míos, desea causar grandes sufrimientos en el mundo, mas muchos de vosotros no me oís y no rezáis con amor y con el corazón, como yo os pedí tantas veces y, es por eso, que mi Inmaculado Corazón sufre y derrama copiosas lágrimas, a causa de vuestra frialdad e ingratitud. Rezad, hijos míos, rezad mucho. No os quedéis sordos al clamor de mi voz. Yo os estoy llamando a Dios. Volved a Dios. Sed de Dios. Yo lucho por la felicidad de cada uno de vosotros, para que no lleguéis a grandes sufrimientos, que están cerca de abatirse sobre vosotros y vuestras familias. La paz está amenazada. La paz corre peligro. Interceded cada vez más por la paz, porque el demonio desea la sangre, la muerte y la guerra. Yo soy la Reina del Rosario y de la Paz y vine del cielo para cubriros con mi manto protector e inmaculado, para que toda violencia y odio sean desterrados lejos de todos vosotros y de vuestras familias. Acoged mi mensaje en vuestros corazones y vividlo, y consolarán mi Corazón maternal. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy la Madre Santísima vino una vez más del cielo para transmitirnos su mensaje. Ella no se cansa de llamarnos a Dios. Su Corazón maternal vela por nuestra conversión y salvación eterna. Hoy ella nos dijo:
"La paz amados hijos míos, la paz! Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para pediros que os decidáis ahora a seguir el camino de la oración y de la santidad, para que vuestros corazones y vuestras almas sean purificadas y renovadas en el amor de mi Hijo Divino. Volved al Señor, arrepintiéndoos de vuestros pecados y de vuestras actitudes equivocadas. No perdías vuestro lugar en el cielo. Sed buenos y obedientes al llamado santo del Señor. No os aflijáis y no perdáis la fe. Dios está siempre a vuestro lado para bendeciros y para ayudaros en vuestro camino de conversión. Rezad para tener la fuerza y el coraje de renunciar a todo mal y pecado, para escuchar la voz de mi Hijo Jesús, siguiendo sus pasos divinos. Tiempos de dolores y de grandes sufrimientos están más que nunca cerca, preparados para abatirse sobre la humanidad desagradecida. Yo vine del cielo para intervenir y suplicar la misericordia de Dios para los pecadores ingratos. No tengáis miedo de defender la verdad. Hablad del amor de Dios a vuestros hermanos. Él os bendecirá siempre más y nada en vuestras vidas os faltará. Yo os agradezco la presencia de cada uno de vosotros aquí, en este lugar bendecido por mi presencia inmaculada. Volved a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy, la Madre Santísima, vino una vez más del cielo para transmitirnos su mensaje. Ella traía un manto blanco y un vestido blanco y nos mostraba hoy su Inmaculado Corazón. Ella nos dio el mensaje siguiente:
"La paz amados hijos míos, la paz! Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para pediros que os convirtáis y os decidáis a seguir el camino de la santidad, propuesto por el Señor. Rezad, rezad mucho, para tener fuerza, la luz y la gracia para hacer la voluntad de Dios. Yo os llamo a Dios, yo nunca me cansaré de llamaros al Señor, porque yo soy vuestra Madre Inmaculada y os amo. No os aflijáis y no os quedéis tristes con las pruebas de la vida. Yo estoy aquí para protegeros y para ayudaros con mi intercesión de Madre y con mi Manto Inmaculado y yo os cubro, como también a vuestras familias, para que seáis todos de Dios. Hijos míos, rezad por los que no creen. Rezad por la paz. Yo vine a Itapiranga como Reina del Rosario y de la Paz para transmitiros muchos mensajes, pero muchos de mis hijos no me oyen y no creen. Yo os digo, hijos míos, que llegará el día en que muchos van a querer vivirlas y acordarse de cada palabra mía, mas el tiempo habrá pasado y en los dolores y las lágrimas muchos estarán. Vivid y acoged estos llamados que yo os digo ahora, y más adelante, no sufriréis, mas estaréis en paz, debajo de mi Manto de Madre. Yo os agradezco que estéis aquí, por haber escuchado mi llamado a la oración. Yo os bendigo y derramo sobre vosotros innumerables gracias de mi Inmaculado Corazón. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Cuando la Virgen Santísima nos bendijo, de su Inmaculado Corazón salieron muchos rayos luminosos tan brillantes que se dirigían sobre nosotros y sobre el mundo entero: son las innumerables gracias que el Inmaculado Corazón de María dispensa a todos sus hijos que recurren a su amorosa intercesión de Madre. "La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para bendeciros y acogeros en mi Inmaculado Corazón. Yo deseo que en vuestros hogares el Corazón Divino de mi Hijo Jesús sea amado y honrado con mucho amor y fe. Rezad el Rosario para vencer las batallas contra todo mal, sin ser abatidos. Tened fe. Yo estoy aquí para conduciros a Dios. Él me envió una vez más a Itapiranga para invitar al mundo entero a la conversión. Acoged el llamado Divino de mi Hijo Jesús, porque grandes tristezas están para abatirse sobre toda la humanidad y particularmente aquí en Brasil. Suplicad la misericordia de Dios para el mundo, que se hundió en los innumerables pecados que son difundidos hoy en día. Mi Corazón maternal sufre por las almas que se están dirigiendo por el camino que lleva al fuego del infierno. Luchad por el cielo. Luchad por la salvación de vuestras familias. Yo os doy mi bendición y mi paz. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy la Santísima Madre nos bendijo trazando varias veces la Santa Señal de la Cruz. Con sus manos Inmaculadas levantadas Ella alejaba todo mal y peligro para el alma y para el cuerpo lejos de cada uno de nosotros. La Santísima Madre nos ama mucho y desea ardientemente el bien y la salvación de cada uno de nosotros. "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, os amo inmensamente con un amor eterno. Dios os ama mucho y me envió del cielo para llamaros a la conversión y a la santidad. Escuchad el llamado del Señor, llamado de amor, llamado santo que trae la luz y la paz a vuestras almas. Vivid una vida de oración, sabiendo interceder por la conversión y salvación de vuestros hermanos, así como yo intercedo por cada uno de vosotros y por vuestras familias ante del Trono de Dios. No os dejéis abatir ni vencer por las pruebas de la vida, mas luchad con fe, con amor y con coraje por el reino de los cielos. Rezad por los que se encuentran distantes del camino de Dios y consolaréis el Corazón de mi Hijo Divino y mi Corazón de Madre. Gracias por estar aquí, para visitar a vuestra Madre del Cielo. Yo siempre estoy aquí en este lugar bendecido, para concederos grandes e innumerables gracias. No os alejéis del camino de Dios. Yo estoy aquí para llevaros por el camino seguro que os conduce a la gloria del cielo. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy, una vez más, la Madre bendita entre todas las mujeres, vino del cielo para transmitirnos su llamada maternal. Ella, llena de amor, vino a concedernos sus gracias maternales, para que nuestras vidas sean siempre iluminadas por el amor y por la paz de Dios. Ella nos dio el siguiente mensaje:
"Hjos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para pediros que perseveréis en vuestro camino de conversión cargando con amor y con paciencia vuestra cruz, porque todo aquello que vosotros sufrís en el corazón, en el cuerpo y en el alma se transforman en gracias y bendiciones para la conversión de los pecadores y la salvación eterna de muchas almas. Sabed ofreced todo al Señor para la realización de su obra divina en los corazones y en las almas. No os preocupéis, hijos míos, yo nunca os abandonaré. Yo estoy siempre a vuestro lado para ayudaros en todo aquello que Dios me permite. Rezad, rezad, rezad el Rosario con más empeño y fe y Dios os concederá grandes gracias y alejará muchas cosas tristes lejos de vosotros y de la vida de vuestros hermanos. Dios os ama y desea vuestra conversión. No cerréis vuestros corazones a su llamado divino, así como hicieron muchos de vuestros hermanos, que no tenían raíces profundas en la fe y en la vida espiritual. Rezad por la conversión de los incrédulos, porque ellos son muchos hoy en día entristeciendo el Corazón de mi Hijo Jesús. Llevad la luz de Dios a quien se encuentra ciego por el pecado. Dios desea que sus llamados divinos lleguen a muchos corazones y lo más rápido posible. Actuad, hijo míos. Hablad del amor de Dios a vuestros hermanos y muchos se convertirán. Yo os amo y os bendigo con mi bendición de Madre. Volved a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" |
MensajesAlgunos de estos mensajes sólo reflejan un extracto del mensaje original. Los mensajes completos se agregarán cuando se termine las traducciones. Archivo
Abril 2019
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