Por la tarde.
"Vosotros sois los apóstoles del fin de los tiempos, escogidos por Mí y por mi Madre Santísima, para testimoniar con fe y con coraje mis Leyes y enseñanzas, combatiendo todo mal y herejía, en estos tiempos de oscuridad y de negación de Dios." Por la noche. "¡La paz a tu corazón! Hijo mío, la oración hecha con fe y confianza obtiene todo de mi Divino Corazón. Reza el Rosario de mi Santísima Madre y con él intercede por el bien de la humanidad entera y coloca en mi Corazón todas las intenciones y necesidades urgentes, porque yo no puedo quedar insensible a los que me piden, por la intercesión de mi Madre Inmaculada, la Reina del Cielo y de la Tierra. Muchos de vosotros no conocéis el poder de la oración del Rosario, porque no lo rezáis con el corazón, como mi Madre Celestial tanto os pidió. Un Rosario bien rezado hace que un Dios baje y dirija su mirada misericordiosa hacia las miserias más profundas del alma, realizando el milagro de su amor divino, que reafirma y lleva al alma a un estado de perfección, de santidad y de gracia, inflamándola del fuego de su Espíritu Santo. Reza el Rosario, hijo mío, y con él coloca a los pies de mi Cruz las personas y las situaciones difíciles por las que pasas y yo tomaré todas estas cosas como mías y aniquilaré el poder del infierno y toda influencia maligna de debajo del estrado de mis pies. No temas. Yo estoy contigo y mi Madre Santísima y San José nunca te abandonan un solo momento, para conducirte a Mí, a mi Corazón Misericordioso. Coraje, aunque muchos te persigan, te odien y no te amen, Yo nunca dejaré de amate, de bendecirte, y de elevarte cada vez más, para hablar de mi amor y de la gloria de mi Reino. Acuérdate: Yo te llamé y te escogí y ahora, te envío con la fuerza y la gracia de mi Espíritu Santo para tocar en los corazones endurecidos y cerrados, para denunciar el mal y el pecado, para proclamar mis Santas Palabras a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que desean ser míos y pertenecer a la Gloria de mi Reino. Sé fuerte y perseverante. Esta obra es mía y nada podrá impedirla. Nadie puede resistir al sonido de mi voz y luchar contra el poder de mi soplo. ¡Yo te bendigo!" Antes de irse, Jesús, se quedó en silencio unos instantes y después, con voz fuerte y majestuosa dijo: "Dios está llamando a su ejército santo a luchar contra satanás y su reino de tinieblas. Luchad la batalla del Señor. ¡En el poder de mi Santo Nombre vencerán!"
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Abril 2019
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