"¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo por orden de mi Hijo Jesús, que desea ardientemente la salvación de cada uno de vosotros y de toda la humanidad. Muchos de mis hijos ya no creen más y viven en una vida de infidelidades sin fin, siguiendo el camino que lleva al fuego del infierno. Sacrificaos cada vez más por la conversión de los pecadores, rezando por ellos y por la conversión de la humanidad entera. Dios nuestro Señor se encuentra muy ofendido, porque en muchos lugares su palabra divina ya no es predicada dignamente. Muchos errores están entrando en la Casa de Dios y confundiendo la mente y el Corazón de muchos fieles. Llevad la luz de Dios a todos mis hijos. Hablad de mi amor de Madre y del amor de mi Hijo Divino a todos ellos. Yo lucho por la salvación de vuestras almas y por vuestra felicidad. Escuchad mi voz. No endurezcáis vuestros corazones como hicieron muchos, mas sed hombres y mujeres de fe y de oración. Recibid mi bendición maternal, bendición llena de amor y de paz. Volved a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!"
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Ayer, por no sentirme bien de salud y estar abatido y en reposo, sentía la presencia de la Madre Santísima próxima a mí, mas ella respetó mi descanso. Hoy, por la mañana, por sentirme mejor y con más fuerzas, Ella vino y me transmitió su mensaje a toda la humanidad:
"¡La paz a tu corazón! Hijo mío, déjame hablar a tu corazón, déjame hablar de mi amor maternal, este amor que yo te doy sin reservas y que deseo que todos mis hijos conozcan y lo reciban en profundidad en sus vidas. Mi Hijo Jesús está vivo y resucitado, en Él la muerte no encontró victoria, mas fue vencida por su Divino Amor, que se entregó hasta el fin, en las manos del Padre, por la salvación y redención de todos aquellos que seguirían sus pasos, entrando en su escuela de amor. ¡Cuántas son las almas ciegas que nada ven! Ellas están muertas a la gracia divina, porque sus corazones no creen en el amor de mi Hijo Divino. El Corazón de mi Hijo se dilacera en el dolor, por causa de aquellos que no desean aceptar los frutos y los méritos obtenidos por su pasión, muerte y resurrección. Muchos son los hijos ingratos, que por voluntad propia optaron por la muerte en vez de por la vida. ¡Cuántos son aquellos que escogieron seguir el camino de las tinieblas antes de los pasos de mi Hijo! La Iglesia está viviendo sus tiempos más sombríos, caminando por entre las tempestades, confusiones e incertezas. ¡Cuántos pecados, cuántos escándalos, cuánta falta de fe! Reza por la Iglesia de mi Divino Hijo, para que reciba, en estos tiempos un soplo de gracia y de luz del Espíritu Santo, para que sea reanimada e iluminada y, así, pueda disipar todas las tinieblas que la amenaza y la rodea. Reza por los muchos sacerdotes que ya no comprenden más el misterio profundo y sagrado de su sacerdocio y se dejaron corromper por las mentiras, por el mundo y por el pecado. Yo me uno en oración a cada hijo mío, que recorre a mi intercesión maternal y presento, cada súplica, ante el Trono de Dios Nuestro Señor. Solamente unida al amor de mi Hijo, la humanidad podrá vencer la muerte y el pecado y resucitar para la vida de la gracia divina. He aquí si suplicante llamado, en este Tiempo Pascual: rezad, rezad, rezad y Dios, por medio de vuestras oraciones, hechas con amor, con el corazón y con fe, os concederá la victoria sobre todo mal y vuestros corazones y vuestras almas brillarán en santidad y gracia, por la luz resplandeciente de mi Hijo Jesús resucitado. ¡Yo te bendigo!" "¡La paz amados hijos míos!
Hijos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para concederos la paz y el amor de mi Hijo Divino. Entrad en mi silencio para descubrir el gran amor de Dios por vosotros. Aquí, en mi Inmaculado Corazón, vosotros aprenderéis a ser del Señor por completo. Mi Inmaculado Corazón está lleno del amor de Dios y este amor vivo yo os lo doy a vosotros, para que os inflaméis de amor por Jesús. No os desaniméis ante las pruebas de la vida. La cruz es la señal de que vosotros estáis siguiendo el camino santo de Dios y haciendo su Santísima Voluntad. Yo estoy siempre a vuestro lado presentando a cada uno de vosotros y a vuestras familias a mi Hijo Divino. Recordad, hijos míos: sin oración vosotros no podéis comprender el llamado del Señor ni su voluntad. Rezad cada vez más y el Espíritu Santo os iluminará y abrirá vuestro entendimiento y veréis y comprenderéis todas las cosas en la gracia de Dios. Yo os acojo en mi manto maternal. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" "¡La paz a tu corazón!
Hijo mío, hoy es el día en que en muchas partes del mundo, la Iglesia celebra la memoria de mi dolorosa Pasión y muerte en la Cruz, cuando me ofrecí al Padre Eterno por lo Redención del género humano. Todo lo hice por amor y con el amor del que estaba lleno mi Corazón derramé mi preciosísima Sangre para que la raza humana fuera liberada y lavada de sus crímenes. Concedí a aquellos que creen en Mí, en mis palabras y en mi sacrificio divino, la gracia de vencer también el demonio, el pecado y la muerte eterna. En aquel tiempo, muchos pensaron haberme silenciado para siempre. Así pensaban, porque no creían en mis palabras, a causa de la ceguera de sus almas y el orgullo de sus corazones, consecuencia de sus innumerables pecados y de sus vidas indignas. Hoy, mi hijo, no es diferente, Nuevamente quieren silenciar mi amor y mi voz, para que mis ovejas que se encuentran con sed, machacadas y sin fuerzas, no sean sanadas ni restauradas. ¡Oh pueblo ingrato, incrédulo y de corazón endurecido, pueblo rebelde! Que sólo piensa en satisfacer las propias pasiones y deseos mundanos, antes que salvar y llevar mi luz a las ovejas heridas, casi sin vida. Muchos, hijos míos, quieren hacerme desaparecer del medio de mi pueblo. Enseñan a muchas almas más lo errado que lo cierto, más la mentira que la verdad y, así, como un veneno mortal, van contaminando sus almas, haciéndoles perder la fe, la esperanza y la caridad, volviéndolas sin luz y sin vida, más merecedoras del infierno que de la vida eterna. En este viernes, Yo estoy sufriendo y agonizando con mi Iglesia, que está atravesando la gran tempestad que se desencadenó contra la Fe y las verdades eternas. Ella está travesando el valle oscuro, tambaleándose por la vía dolorosa que lleva a su martirio final. Ofrécete, hijo mío, por mi Iglesia herida hasta sus fundamentos, a causa de la infidelidades y pecados de muchos de mis Ministros, que se volvieron sepulcros caídos. ¡Ay de los Ministros ingratos, infieles y rebeldes que ya no son la sal que da sabor ni luz que ilumina a las almas! ¡Ay de aquellos Ministros que destruyeron mi rebaño con sus errores, escándalos e impurezas! El hacha ya está colocada en la base de los árboles. Los Ángeles del cielo ya están preparados, esperando mis órdenes. Aquellos que no produzcan buenos frutos serán cortados y los ramos que no estén unidos a Mí, la Verdadera Vid, serán quemados. Reza, reza hijo mío y haz rezar, como ya te dije, pues Dios está indignado y muy ofendido a causa de los habitantes de la tierra. El fuego de mi Justicia, en breve, descenderá del cielo y eliminará una gran parte de la humanidad. Los vivos envidiarán a los muertos, deseando morir cuando el gran día del Señor haya llegado sobre la tierra. He aquí que Yo vengo como el ladrón y de mi ira nadie escapará. Estad preparados, pues los días pasan rápido y el tiempo urge. ¡Yo te bendigo! Hoy, siento el sufrimiento y la tristeza del Corazón de Jesús, despedazado y ultrajado por la humanidad ingrata. Siento, en algunas partes, un dolor y un peso que amarga mi alma. Más tarde Jesús habló a mi Corazón:
"Los hombres ya no me adoran más. Se olvidaron de Mí y de mi amor. Mi agonía en el Getsemaní fue terrible, profunda y dolorosa. Me sentí solo y abandonado, sin tener siquiera quien estuviera en vigilia una hora conmigo. Mis apóstoles estaban embriagados por el sueño y se dejaron vencer. Hoy, cuántos están embriagados en el sueño profundo del pecado y de las pasiones mundanas, adormecidos a la gracia divina que podría salvarlos. En los días actuales, paso horas y más horas de agonía, sólo y abandonado en muchos Sagrarios, de muchas Iglesias por el mundo entero, sin que ninguna alma venga a adorarme. A veces, aquellas que vienen a la Iglesia y se colocan en adoración delante de Mí, están presentes sólo con el cuerpo, mas los corazones de muchas de ellas están presos en el mundo, distantes de Mí y de mi amor divino. Yo busco almas que me amen y me adoren verdaderamente, que suspiren por mi amor, que deseen inmolarse, abandonándose a mis pies por la salvación del mundo. Busco almas que deseen ser mías, que quieran hacer mi divina voluntad y en ella quieran permanecer para siempre, así como dentro de mi Sagrado Corazón. Yo estoy escogiendo y preparando las almas que arderán y se consumirán de amor, ante mi Trono, que se dejaron formar por mi voluntad y modelar por mis manos, para que se vuelvan perfectas imágenes mías. Lucha por el reino de los cielos. Nada se compara a la gloria del Paraíso. Permite que mis palabras de amor calienten las almas y se santifiquen. Estas palabras mías tocarán en muchos corazones y realizarán grandes milagros de amor y conversión. Permanece siempre en mi amor, para que seas mío por completo. Purifica tus pecados y reconoce tu nada delante de mí. ¡Yo te bendigo, a ti y a toda la humanidad! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús! Bendito sea vuestro Santísimo Nombre por los siglos de los siglos. ¡Amén!" "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, no me canso de llamaros a la conversión, no me canso de llamaros a Dios. Este es el tiempo oportuno para la conversión. No perdáis este tiempo de gracia, a causa de las falsas felicidades que el mundo os presenta a cada uno de vosotros. No es en el mundo que vosotros seréis felices, mas solamente unidos a Dios, estando bien cerca de su Divino Corazón. Mi Hijo Jesús me envió del cielo para daros las gracias por las oraciones hechas en el día de hoy. Interceded cada vez más. Aquellos que rezan con fe obtienen todo de mi Hijo Jesús. La oración hace milagros, no pequeños, sino grandes. No os alejéis del camino que yo os indiqué. ¡Coraje! Luchad por la defensa de la verdad y llevad el amor de Dios a todos vuestros hermanos, para que todos los corazones se abran a la gracia Divina. Yo estoy feliz con vuestra presencia y os digo que el Señor os concede una bendición especial, bendición de protección, para que todo mal sea desterrado lejos de vosotros y de vuestras familias. Yo os cubro con mi Manto Maternal y os digo que mi Inmaculado Corazón es vuestro refugio seguro. Aquí dentro de mi Corazón vosotros seréis de Dios. Volved a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" La Madre Santísima habló conmigo: "Hijo mío, nada de lo que sufres es en vano. Mi Hijo Divino te quiere más unido a Él en la cruz. Permite ser humillado, sufrir escarnio, ser coronado de espinas y cargar la pesada cruz hasta el punto de ser crucificado con Él por la conversión de los pecadores y por la salvación de las almas. Ofrécete por los Ministros de Dios que no creen en ti, ni en estos mensajes míos maternales dichos con tanto amor y preocupación. Satanás consiguió cegar a muchas almas, mas la palabra final será siempre del Señor, porque Él los creó para que todos sigan sus caminos santos. Incluso aquellos que no quieren oír, a causa de la dureza de sus corazones, no pueden impedir que sus designios divinos se realicen. Nadie está obligado a creer en estas manifestaciones mías, mas todos tienen la obligación de vivir sus Mandamientos Divinos y de colocar en práctica las recomendaciones finales de mi Hijo antes de que Él subiera a los cielos: id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas. Quién crea y sea bautizado se salvará. ¡Quien no crea será condenado!... De estas recomendaciones y palabras maternales, no pueden que decir lo mismo que las palabras dichas por mi Divino Hijo y, cada palabra mía, dicha aquí en el Amazonas, fue solamente un recuerdo de sus enseñanzas divinas, de sus Palabras Eternas. El camino que conduce a mi Hijo es estrecho, como estrecha es la puerta que lleva a la salvación. Sed humildes, sencillos y pequeños, en caso contrario, no mereceréis la gloria del Paraíso. Reza, hijo mío y di a todos que vivan la oración hecha con amor, que cura los corazones y que os hace merecer y tener una fe siempre más fuerte y viva. ¡Yo te bendigo!" "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, os digo con mi Inmaculado Corazón lleno de amor y de paz: no os quedéis tristes y no os dejéis abatir ante las pruebas. Dios del cielo mira para vosotros con amor y misericordia. Entregad todo en las manos de Dios, pues del Señor no está sordo a vuestras oraciones y sufrimientos ofrecidos a Él con amor, como reparación por los pecados del mundo y por la conversión de los pecadores. Como Madre de la Iglesia y Madre de todos vosotros yo os pido: intensificad vuestras oraciones por los Ministros de Dios que todavía no comprendieron el llamado que el Señor les hace ni mi presencia en medio de vosotros. Yo vine del cielo para conduciros a Dios, para volver a levantaros cuando caéis por tierra, heridos por los pecados que vosotros cometéis y sin fe y sin esperanza para seguir adelante en el camino de Dios. Acoged mis mensajes en vuestros corazones y llevadlos a todas las almas afligidas que se encuentran distantes de Dios, con sus corazones cerrados. Uníos en oración cada vez más y ofreced todo eso por mi obra de amor y por mis intenciones maternales. Yo estoy con vosotros y nunca os abandonaré. Entrad hijos míos, entrad en mi Inmaculado Corazón y Dios os concederá cada vez más gracias y bendiciones extraordinarias que harán que vuestros corazones exulten de alegría hasta el fin de vuestras vidas. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo, la Reina del Rosario y de la Paz, no me canso de llamaros a Dios y al camino del cielo. No os alejéis de mi corazón Maternal, pues mi Inmaculado Corazón es el Arca que Dios os preparó para estos tiempos difíciles, de tinieblas y pecados. Entrad en mi Corazón, hijos míos, consagrándoos frecuentemente a él, entregándome todo, para que me encargue y cuide de todos vosotros y de vuestras familias. Luchad contra Satanás rezando con más fe y amor el Santo Rosario. Ésta es una petición que viene directamente de mi Hijo Divino, pues la oración del Rosario disipa los males y los pecados, y atrae las bendiciones y las gracias del cielo. Con el Rosario vosotros siempre venceréis cualquier batalla y dificultad que surja en vuestras vidas. No os desesperéis, pues rezando el Rosario la luz de Dios os iluminará y donde entra su luz, toda tiniebla es destruida. Rezad, rezad, rezad cada vez más, y con el corazón, y los milagros del cielo sucederán en vuestras vidas y el mundo se convertirá. Yo os amo y os acojo debajo de mi Manto Inmaculado. Rezad por la conversión de los pecadores, rezad por los incrédulos para que abran sus corazones a Dios y se arrepientan de sus actitudes erradas, mientras todavía tienen tiempo para convertirse, porque un día muchos llorarán amargamente por haber despreciado el llamado que Dios les hace, durante muchos años, para seguir los engaños del mundo, que no pueden salvaros y ni daros la vida eterna. Gracias por vuestra presencia. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy, la Madre bendita apareció acompañada de Santa Juana de arco y Santa Gemma Galgani. Estas dos Santas hoy rezaron por la obra de Nuestra Señora en Itapiranga los Padres Nuestros y los Glorias. Nuestra Señora las trajo para que estén a mi lado, ayudándome y orientándome en estos días. Comprendí por la luz de Dios, la presencia de Santa Juana de Arco, porque fue calumniada y juzgada injustamente, a causa de los ataques de sus acusadores, mas supo defender y decir la verdad con fuerza y coraje, a pesar de todas las acusaciones y mentiras dichas contra ella. Y la de Santa Gemma Galgani, porque venció los ataques de los espíritus infernales con sus oraciones, sacrificios y penitencias y su amor por Jesús. Por la tarde.
"Vosotros sois los apóstoles del fin de los tiempos, escogidos por Mí y por mi Madre Santísima, para testimoniar con fe y con coraje mis Leyes y enseñanzas, combatiendo todo mal y herejía, en estos tiempos de oscuridad y de negación de Dios." Por la noche. "¡La paz a tu corazón! Hijo mío, la oración hecha con fe y confianza obtiene todo de mi Divino Corazón. Reza el Rosario de mi Santísima Madre y con él intercede por el bien de la humanidad entera y coloca en mi Corazón todas las intenciones y necesidades urgentes, porque yo no puedo quedar insensible a los que me piden, por la intercesión de mi Madre Inmaculada, la Reina del Cielo y de la Tierra. Muchos de vosotros no conocéis el poder de la oración del Rosario, porque no lo rezáis con el corazón, como mi Madre Celestial tanto os pidió. Un Rosario bien rezado hace que un Dios baje y dirija su mirada misericordiosa hacia las miserias más profundas del alma, realizando el milagro de su amor divino, que reafirma y lleva al alma a un estado de perfección, de santidad y de gracia, inflamándola del fuego de su Espíritu Santo. Reza el Rosario, hijo mío, y con él coloca a los pies de mi Cruz las personas y las situaciones difíciles por las que pasas y yo tomaré todas estas cosas como mías y aniquilaré el poder del infierno y toda influencia maligna de debajo del estrado de mis pies. No temas. Yo estoy contigo y mi Madre Santísima y San José nunca te abandonan un solo momento, para conducirte a Mí, a mi Corazón Misericordioso. Coraje, aunque muchos te persigan, te odien y no te amen, Yo nunca dejaré de amate, de bendecirte, y de elevarte cada vez más, para hablar de mi amor y de la gloria de mi Reino. Acuérdate: Yo te llamé y te escogí y ahora, te envío con la fuerza y la gracia de mi Espíritu Santo para tocar en los corazones endurecidos y cerrados, para denunciar el mal y el pecado, para proclamar mis Santas Palabras a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que desean ser míos y pertenecer a la Gloria de mi Reino. Sé fuerte y perseverante. Esta obra es mía y nada podrá impedirla. Nadie puede resistir al sonido de mi voz y luchar contra el poder de mi soplo. ¡Yo te bendigo!" Antes de irse, Jesús, se quedó en silencio unos instantes y después, con voz fuerte y majestuosa dijo: "Dios está llamando a su ejército santo a luchar contra satanás y su reino de tinieblas. Luchad la batalla del Señor. ¡En el poder de mi Santo Nombre vencerán!" "¡La paz a tu corazón!
Hijo mío, muchos no creen y no comprenden el llamado de un Dios. Mis santas Palabras no encuentran morada en estos corazones, porque muchos están endurecidos y cerrados, llenos solamente de las cosas y preocupaciones mundanas. Es por eso que Yo me manifiesto, junto con mi Madre Santísima, para darle a la humanidad la oportunidad de aproximarse a mí y de conocer mi amor infinito. Nunca como en este tiempo, Dios vino a mendigar el amor vuestro, porque por muchos no es amado. Vuelve, oh humanidad ingrata, antes de que el gran día del Juicio caiga sobre tu cabeza. Arrepiéntete y haz penitencia, porque tus pecados son muchos. Este es el tiempo del retorno, el tiempo de la conversión. Muchos están sordos y no me oyen. Un día, cuando los dolores y los sufrimientos lleguen, van a querer clamar por misericordia, mas el tiempo de la misericordia habrá pasado. Reza, reza y repara, porque el tiempo de los dolores está más próximo que nunca. ¡Yo te bendigo!" |
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Abril 2019
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