Jesús apareció sosteniendo en su mano izquierda un globo (terráqueo), que representaba el mundo, y con su mano derecha nos mostraba la llaga de su Divino Corazón. Él era todo luz, resplandecía y esa luz me transmitía fuerza, paz y consuelo. Del Corazón de Jesús salían rayos, como los de la misericordia divina que se dirigían hacia el mundo, para la conversión de los pecadores y la apertura de los corazones endurecidos. Jesús transmitió el siguiente mensaje:
"Mi paz esté contigo y con todos tus hermanos, hijo mío! Yo voy a purificar mi Iglesia y la humanidad más todavía, porque muchos no me oyen, están sordos a mi voz y a los llamados que mi Madre Santísima hace en muchos lugares. No cerréis vuestros corazones a la voz de mi Madre, mas escuchadla, porque yo la envié a la tierra, en medio de mis hijos, para realizar las maravillas de su amor maternal, para la salvación y bien de todos los hijos suyos que desean escuchar y acoger los mensajes que Ella te transmite a ti y a muchos otros, con mucho amor y preocupación. Hijo mío, cuántos corazones endurecidos y cerrados a la gracia divina, porque están arruinados en el pecado. Muchos no me aman y no me adoran más, no reconocen mi Majestad y Divinidad, porque ya no creen más en nada. Muchos corazones son refugio de muchos pecados y demonios, que consiguieron seducir y engañar a muchas almas. Lucha por el cielo y di a tus hermanos y hermanas que Dios tiene prisa, que cada uno se apresure en su conversión, porque voy muy pronto a castigar a la humanidad por sus crímenes. Aquellos que viven en el pecado y no quieren arrepentirse del mal practicado, sufrirán mucho. Reza hijo mío, reza por la conversión de los pecadores y consuela a mi Divino Corazón, Corazón ultrajado y no amado, mas que permitió ser herido y traspasado por amor y por la salvación de cada uno de vosotros. Permití que fuese abierta una llaga de mi Divino Corazón, con el fin de que todos vosotros pudierais entrar en Él, por medio de ella, para estar protegidos contra la Divina Justicia que desea castigar a los pecadores rebeldes y sus crímenes y desobediencias. Sed fieles a mí, el Señor, y no veréis jamás la muerte eterna, mas mi Luz Divina que os conducirá, en este mundo, hasta la gloria de mi reino. Aquel que cree en mí jamás morirá eternamente. Yo soy la Vida Verdadera y la Verdad Eterna, Yo os amo y estoy aquí para concederte a ti a y la humanidad mi paz. Recibe mi bendición, bendición que cura y libera todo mal: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!"
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"¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, os amo inmensamente con un amor eterno. Dios os ama mucho y me envió del cielo para llamaros a la conversión y a la santidad. Escuchad el llamado del Señor, llamado de amor, llamado santo que trae la luz y la paz a vuestras almas. Vivid una vida de oración, sabiendo interceder por la conversión y salvación de vuestros hermanos, así como yo intercedo por cada uno de vosotros y por vuestras familias ante del Trono de Dios. No os dejéis abatir ni vencer por las pruebas de la vida, mas luchad con fe, con amor y con coraje por el reino de los cielos. Rezad por los que se encuentran distantes del camino de Dios y consolaréis el Corazón de mi Hijo Divino y mi Corazón de Madre. Gracias por estar aquí, para visitar a vuestra Madre del Cielo. Yo siempre estoy aquí en este lugar bendecido, para concederos grandes e innumerables gracias. No os alejéis del camino de Dios. Yo estoy aquí para llevaros por el camino seguro que os conduce a la gloria del cielo. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy, una vez más, la Madre bendita entre todas las mujeres, vino del cielo para transmitirnos su llamada maternal. Ella, llena de amor, vino a concedernos sus gracias maternales, para que nuestras vidas sean siempre iluminadas por el amor y por la paz de Dios. Ella nos dio el siguiente mensaje:
"Hjos míos, yo vuestra Madre, vengo del cielo para pediros que perseveréis en vuestro camino de conversión cargando con amor y con paciencia vuestra cruz, porque todo aquello que vosotros sufrís en el corazón, en el cuerpo y en el alma se transforman en gracias y bendiciones para la conversión de los pecadores y la salvación eterna de muchas almas. Sabed ofreced todo al Señor para la realización de su obra divina en los corazones y en las almas. No os preocupéis, hijos míos, yo nunca os abandonaré. Yo estoy siempre a vuestro lado para ayudaros en todo aquello que Dios me permite. Rezad, rezad, rezad el Rosario con más empeño y fe y Dios os concederá grandes gracias y alejará muchas cosas tristes lejos de vosotros y de la vida de vuestros hermanos. Dios os ama y desea vuestra conversión. No cerréis vuestros corazones a su llamado divino, así como hicieron muchos de vuestros hermanos, que no tenían raíces profundas en la fe y en la vida espiritual. Rezad por la conversión de los incrédulos, porque ellos son muchos hoy en día entristeciendo el Corazón de mi Hijo Jesús. Llevad la luz de Dios a quien se encuentra ciego por el pecado. Dios desea que sus llamados divinos lleguen a muchos corazones y lo más rápido posible. Actuad, hijo míos. Hablad del amor de Dios a vuestros hermanos y muchos se convertirán. Yo os amo y os bendigo con mi bendición de Madre. Volved a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" "¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra madre, os estoy llamando a vosotros y a vuestras familias a Dios, porque deseo vuestra conversión y felicidad, para que sean evitadas grandes tristezas y calamidades que podrán abatirse sobre toda la humanidad. Yo os hablo y os convido para que viváis vueltos hacia Dios y hacia el cielo, pero muchos de vosotros permanecen sordos a mi llamado. No endurezcáis vuestros corazones y no viváis en pecado. Muchos de mis hijos todavía no están convertidos. Muchos dicen hacer muchas oraciones, pero sus corazones están distantes de Dios y de mí. No engañéis a Dios y no os engañéis, porque Él ve todo. Él conoce a cada uno de vosotros por dentro y por fuera, porque ve el interior de vuestros corazones. Yo vengo a reuniros en oración para que la misericordia divina se irradie sobre la vida de muchos de mis hijos, y así, tantos de ellos aprendan a donarse y a sacrificarse por la salvación de las almas. Mudad de vida, hijos míos, mudad de vida cuanto antes, porque existen los secretos que están andando hacia pleno cumplimiento y muchos de vosotros no estáis preparados para aquello que vendrá. Muchos serán sorprendidos, porque se dejaron vencer por el orgullo y por las pasiones del mundo y se tornaron almas amargas, podridas y sin vida para Dios, pues están ciegos para satanás. Rezad por la conversión de los incrédulos, rezad por los que se tornaron infieles. Mi Corazón maternal sufre mucho a causa de ellos, porque no deseo la condenación de vuestras almas. Escuchad y vivid lo que yo os digo y muchos podrán encontrar el camino santo del Señor que lleva hasta el cielo. Desead el cielo. Luchad por el cielo. Dedicaos todavía más para vivir vueltos hacia Dio y para el cielo y no os arrepentiréis. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Hoy, la Santísima Madre me habló nuevamente sobre los secretos. Ella nos pidió que estemos siempre con nuestras almas preparadas y que nunca dejemos de lado la confesión, la Eucaristía ni la adoración al Santísimo Sacramento, porque unidos a Jesús, nuestros corazones, nuestras almas y nuestras vidas serán curadas, purificadas y nuestra fe será fortificada y renovada. Mateo 13, 12-14 Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Isaías 42, 20 Por más que has visto, no has hecho caso; mucho abrir las orejas, pero no has oído. Jeremías 5, 21 Ea, oíd esto, pueblo necio y sin seso - tienen ojos y no ven, orejas y no oyen - : Ezequiel 12, 2 Hijo de hombre, tú vives en medio de la casa de rebeldía: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldía. Hoy, vino una vez más la Sagrada Familia, para bendecirnos. Fue la Madre Santísima quién nos transmitió el mensaje:
"¡La paz amados hijos míos, la paz! Hijos míos, yo vuestra Madre Inmaculada, vengo del cielo para daros la paz a vuestros corazones. Yo vengo a consolar a cada uno de vosotros con mi amor de Madre. Yo os amo y deseo conduciros por el camino que os lleva hasta el cielo. Hijos míos, escuchad mi voz que os llama a Dios. Es vuestra Madre quién os llama, hijos míos, por eso, ¡escuchadme!... Tirad de vuestros corazones toda tristeza y dejad que yo os llene con el amor de mi Hijo Jesús. Rezad el rosario con amor y encontraréis fuerzas para vencer cada batalla que deberán trabar en vuestras vidas. Dios no os desampara jamás. Él me envió nuevamente a Itapiranga, porque os ama y quiere vuestra salvación eterna. No os desesperéis y no os debilitéis en la fe. Ofreced vuestras pruebas y tristezas a Dios, por el triunfo del bien sobre todo mal y recibiréis del Corazón de mi Hijo una gran paz y alegría. Yo os agradezco el que estéis aquí para recibir mi bendición. Yo no me olvidaré de nada de lo que hacéis por amor a mí, vuestra Madre Celestial. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. OS bendigo a todos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Durante la aparición, Nuestra Señora con una mirada llena de amor, nos sonrió maternalmente. La linda sonrisa de Nuestra Señora, tan santa, tan tierna y tan maravillosamente incomparable tocó mi corazón, dejándome muy emocionado. En esta linda sonrisa suya ella confortó mi corazón y me llenó de paz. Mensaje de María, sobre las 17.30
Hoy apareció la Sagrada Familia para bendecirnos a todos nosotros y a toda la humanidad. La Madre Santísima nos transmitió el mensaje: "¡La paz amados hijos míos, la paz! Hijos míos, yo soy la Reina del Rosario y de la Paz, la Madre de Dios y vuestra Madre. Yo vengo del cielo para pediros que entreguéis vuestras vidas y vuestros corazones a mi Hijo Divino, para que sean inflamados y llenados por su amor que cura y transforma vuestras almas. Rezad mucho por toda la humanidad que se olvidó de Dios para seguir los rumores del mundo. No troquéis la luz por las tinieblas, la verdad por la mentira, la salvación por la perdición eterna. Sed de Dios. Sed de mi hijo Jesús. Yo os amo y con mi Hijo Divino y mi Esposo José os bendigo, así como a vuestras familias, para que estéis protegidos contra todos los males y peligros del alma y del cuerpo. Hoy, desde aquí, de Itapiranga, bendigo a todos mis hijos del mundo entero y pido a mi hijo Divino, el Rey de la Paz, el don de su paz para todos ellos. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. Os bendigo a todos: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" |
MensajesAlgunos de estos mensajes sólo reflejan un extracto del mensaje original. Los mensajes completos se agregarán cuando se termine las traducciones. Archivo
Abril 2019
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