"¡La paz amados hijos míos, la paz!
Hijos míos, yo vuestra Madre, os amo y mi amor os doy, para que vuestras vidas estén repletas de paz y alegría. Que no se debilite vuestra fe, ni os desaniméis ni perdáis el coraje, porque Dios está con vosotros y no os abandona jamás. Rezad muchos Rosarios por la realización de mis planos maternales y así, el Señor os concederá grandes gracias y bendecirá vuestras familias. Yo estoy aquí para ayudaros a ser de Dios, viviendo para el reino de los cielos. No temáis nada. Dios os ayudará para que sepáis vencer cada combate en la prueba de la serenidad, en el equilibrio y en la paz. Tiempos difíciles y crueles asolarán a la Iglesia en el mundo, pues muchos de mis hijos precisan ser purificados, porque ofenden mucho al Señor con su terribles pecados. No perdáis tiempo. Ayudad a vuestros hermanos a encontrar la luz de Dios, llevando a todos ellos mis mensajes maternales. Yo estoy a vuestro lado con mi manto protector y os cubro para protegeros contra todo mal. Rezad, rezad y muchas almas serán salvadas y retornaran al camino santo de Dios. Retornad a vuestras casas con la paz de Dios. A todos os bendigo: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!" Cuando Nuestra Señora apareció y vino llegando en aquella linda luz, todo delante de mí fue desapareciendo, permaneciendo solamente ella y la cruz de Jesús que estaba fija en la pared, en el lugar de las apariciones. Desde la cruz escuché la voz de Jesús que me dijo: "Yo tengo sed de almas. Sálvame las almas. Ellas costaron mi Preciosísima Sangre, derramada por ellas. Sálvame almas para la gloria de mi reino."
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Abril 2019
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